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6 de octubre de 2009

Borges, los libros y la noche

Publicado por nea el 6 de octubre de 2009
 

El tiempo que Jorge Luis Borges fue nombrado Director de la Biblioteca Nacional fue el tiempo que su ceguera congénita comenzaba a nublar definitivamente su visión, después de "un lento crepúsculo que duró más de medio siglo" según él. Borges expresa la ironía de tal tragedia (tragedia con t minúscula, al parecer) en su “poema de los dones” aunque igual reconoce su ceguera como el don que Dios otorga, arcilla para la creación (porque todo lo que sucede es bueno), una difícil colegiatura de la vida que solo los grandes hombres como Borges, poseedores de la sabiduría que pocos envidian y muchos ignoran (o quizá al revés), son capaces de entender y aprobar.

"Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el "Poema de los dones":

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
¿cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.¨

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