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3 de julio de 2009

Walkman

Publicado por nea el 3 de julio de 2009
 
Hace un par de días Sony conmemoraba 30 años de uno de sus más populares inventos, el querido Walkman. ¿Si recuerdan verdad?, esa cosa como ladrillo pequeño que te lo colgabas del cinturón, te encajabas los audífonos hasta el cerebro y te ibas escuchando música con la esperanza de que ningún auto te atropellase mientras cruzabas la calle. Lo abrías e introducías un “cassette”, ¿que es eso?, ¡vamos! no me hagan sentir viejo.

Mi primer Walkman mío de mí, fue un Aiwa que me regalaron a los quince años, con él ataqué sin piedad a mis pobres tímpanos y me encapsule del mundo exterior para sumirme en mis propios pensamientos adolescentes orquestados por un maestro de ceremonias llamado James Hetfield dándole instrucciones diarias a mi cabeza acerca de como debía pensar y vestir jaja.

Me acuerdo que este cachivachejo japonés requería un cambio de pilas alcalinas cada dos días, eso era un duro sangrado a mi pobre economía adolescente, y estaban los condenados audífonos que se arruinaban cada dos meses, y como yo consideraba un pecado mortal el usar audífonos de cinco pesos con mi amado y costoso Walkman me veía forzado a ahorrar para comprar audífonos originales. Cada viaje fuera de la ciudad era precedido por una cuidadosa selección de los cassettes a llevar y una desesperada recopilación de fondos para comprar pilas en el camino, eso era una vaina, en los caminos rara vez había pilas alcalinas así que terminaba comprando algo así como diez pares de pilas “Tigre” o “Power Master” que todas juntas duraban como una media hora nada más.

Luego pasa lo que siempre pasa con todo Walkman, el “hoyito” donde entran los audífonos se gastaba y se tenia que jalar el cable para que el palito del conector haga presión con una de las paredes del “hoyito”, así y solo así se lograba que ambos audífonos funcionaran, en mi caso no podía llevarlo a un técnico reparador porque me quedaba sin dinero después de comprar pilas y audífonos originales, toda una tragedia.

Después llego el Discman y los problemas fueron similares aunque era sumamente incomodo por su tamaño y forma. Ahora tengo un mp3 colgado al cuello 12 horas al día, aunque ya no tanto para música sino más bien para escuchar conferencias mientras camino por la ciudad, y mi antiguo Walkman paso a formar parte de las reliquias que con afición y nostalgia guardo en mi cajón secreto de los misterios.

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