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17 de junio de 2009

Pasiones infantiles

Publicado por nea el 17 de junio de 2009
 
Es maravillosa la forma en la que la mente de un niño carente de prejuicios y limitaciones absorbe y procesa lo que el mundo le va revelando. Cada descubrimiento es como una aventura nueva y emocionante, ellos imitan lo que les gusta y lo utilizan para encarar la cotidianidad con una pasión que la mayoría de los adultos termina extraviando en algún periodo de la vida.

Hay tengo a mi sobrino de cinco años que le da por lanzar patadas voladoras y golpes de Kung-Fu después de ver a la Pucca, uno lo observa y ríe con su pantomima de juego, pero para él es un asunto mortalmente serio, él esta determinado a derrotar al malvado villano que amenaza los castillos de su cabecita fantasiosa.

¿Ustedes recuerdan las fantasías de su temprana niñez? Tendría como siete u ocho años, cuando después de una emocionante tarde de superhéroes televisivos (no recuerdo bien cuales) me dirigí corriendo hacia la cocina y tome un tazón de plástico, vertí agua, jugo, gaseosa, leche, café, aceite, sal, mayonesa, ketchup, mostaza, huevos, miel, mucha azúcar y otros líquidos que encontré en el refrigerador y que hasta la fecha no se lo que eran. Tomé una cuchara grande de madera y me puse a mezclar el “brebaje mágico” con la convicción de que una vez ingerido me conferiría súper poderes. Terminé la mezcla y levanté el súper-brebaje con ambas manos a la altura de la frente para observarlo por un instante, recuerdo que casi podía escuchar la musiquita de superhéroe toda dramática retumbando dentro de mi cabeza, aguante la respiración y bebí el liquido en tres o cuatro tiempos, estaba un poco espeso (como helado derretido) y asquerosamente dulce.

Me enfermé como un perro. Pero antes pude disfrutar de unas horas de saltos mortales desde la cama de mis padres hacia fuera de la habitación, cada ranazo que me daba contra la pared del pacillo no me dolía, los superhéroes pueden atravesar paredes sin inmutarse siquiera. Corrí, patiné, “volé” de sillón a sillón, y en una de esas, la toalla que tenia amarrada al cuello a modo de capa se engancho con uno de los picos de una silla de comedor provocando un jalón que me hizo caer de espaldas al piso, pero inmediatamente me reintegre y le proporcione una "súper patada de rayos gama" que fulmino a la silla impidiéndola de evitar que yo salvara al mundo. Y así estuve toda la tarde, ahora que lo pienso todo el azúcar que consumí ayudo mucho a mi heroica motivación. Ya cuando estaba amarrándole otra toalla a mi perro (necesitaba ayuda para salvar a la humanidad) empezaron los dolores de estomago. Ya no recuerdo mucho de lo que paso después, creo que me llevaron al medico y luego estuve en cama todo el día. No importaba, porque a pesar de todos los regaños, la fiebre y las medicinas, como dicen por allí, nadie me quitaba lo bailado.

PD: Chicos no intenten esto en casa, yo solía ser un niño profesional.

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