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18 de octubre de 2008

Vanessa: Una noche como otras

Publicado por nea el 18 de octubre de 2008
 
Vanessa
Habían transcurrido varias horas de una agradable velada en la ciudad. Noche de luna llena, cena elegante y buena música en un pub, las últimas copas incitan las suaves caricias en las manos, las miradas cargadas de deseo y un impulsivo primer beso. Vanessa había estado jugando con lo mejor de su arsenal seductivo hasta lograr que el joven empresario proponga llevarla a su departamento “de soltero” y continuar la velada.

Entrando al edificio, el ascensor se convierte en escenario del remolineo pasional. Entre respiraciones excitadas y las feroces embestidas amorosas que Vanessa efectuaba con maestría, el joven empresario esforzadamente alcanza el botón del elevador para después reintegrarse al desenfreno amoroso. El alcohol y las habilidades de Vanessa hacían que el joven se perdiera más y más en un sopor de excitación y satisfacción al ver que esta hermosa y sensual pelirroja que había conocido recién ayer parecía estar deseosa de ser suya, su ego se elevaba a la par del ascensor. Las manos del estimulado empresario comenzaban a irrumpir el vestido rojo de Vanessa cuando el elevador se detiene y se abre. Apresurado el joven la toma del brazo para llevarla doblando la esquina del corredor hasta la puerta de su departamento donde tiene que esforzar su coordinación para introducir la llave, momento que Vanessa aprovecha para hacer un rápido escaneo de los pasillos y la ruta de salida hacia las escaleras desde el décimo piso donde se encontraban.

Tan pronto abre la puerta y avanza unos pasos en su lujoso departamento, Vanessa se abalanza sobre él con un enorme beso rodeándole el cuello con sus brazos, cierra la puerta con un pequeño empujón de su tacón y lo arrastra con ella hasta un enorme sofá de terciopelo en el cual ambos caen estrepitosamente. El eufórico empresario esta encima de ella comiéndole el cuello y acariciándole los senos, Vanessa gime como siguiéndole el juego mientras observa algunos detalles ostentosos del departamento, las entradas a las habitaciones y la gran ventana sin cortinas que permite a la luz de la luna invadir toda la sala.

Los besos y manoseos del joven empresario comienzan a mermar la concentración de Vanessa, las sensaciones se intensifican casi obligándola a cerrar los ojos y exhalar gemidos esta vez reales. Un gran dilema se origina en su pensamiento y en sus emociones, debatiéndose entre la obligación y el placer (o tal vez la necesidad de cariño). Ya a punto de ceder y dejarse llevar por el torrente pasional, abre sus verdes ojos y mira por la ventana, hacia la refulgente luna llena emblemática de la locura y musa de lobos y otros depredadores como ella, Vanessa se despabila, deja de gemir, su rostro libidinoso se torna inexpresivo y resuelve consumar de una vez el asunto por el cual se encontraba allí esa noche. En tanto el lujurioso empresario se dedicaba a introducir las manos por debajo del vestido besándole los senos, Vanessa retoma los gemidos aparentes y disimuladamente extiende una mano para introducirla en su bolso ubicado a unos centímetros de ella, y con la otra toma un cojín por el borde para situarlo sobre el lado izquierdo de la cabeza de su amante…

…Frío, preciso y limpio fue el impacto asestado en la sien derecha del joven empresario, quien muere instantáneamente dejando caer su rostro sobre el pecho de Vanessa. Ella empuja como puede cadáver al piso quedando por unos segundos inmóvil mirando al techo, el cojín ensangrentado todavía esta en una de sus manos, y en la otra sostiene su querida MiniMod 8mm con el silenciador aún caliente.

Las gotas de sangre comienzan a caer del cojín hacia su desnudo pecho haciendo que Vanessa salga de su momentáneo letargo. Suelta el cojín, se sienta y toma su bolso para guardar el arma y sacar un Klenex con el cual se limpia la poca sangre derramada sobre uno de sus senos. Se pone de pie para reabrocharse el vestido mientras contempla como la sangre que brota de la cabeza de su víctima comienza a crear un charco en la alfombra. Vanessa levanta la mirada y rápidamente avanza hacia las habitaciones para dar con el estudio, donde ubica una caja fuerte que abre introduciendo la contraseña, revisa el contenido, extrae un documento e inmediatamente la cierra. Velozmente vuelve a la sala para guardar el documento en el bolso y recoger su chaquetón que había quedado tirado a un lado del sofá. Abre la puerta para salir, no sin antes dirigir una última mirada al cadáver del joven empresario, y emitir un tenue “lo siento” exhalado desde lo mas profundo de su resignación.

Sigilosamente por las escaleras, llega al primer piso donde el portero la ve venir desde la puerta y le abre, Vanessa lo mira y le sonríe levemente al salir,

- Gracias, buenas noches.
- Buenas noches señorita.

Inmediatamente se sube a un radio taxi que la lleva hasta “El Prado” donde baja, camina una cuadra y toma un otro radio taxi hasta su casa. En pleno trayecto Vanessa descansa la cabeza en el asiento mirando hacia la luna, cierra los ojos acogiendo su luz en el rostro como quien recibe las caricias consoladoras de una compañera y a la vez cómplice de los episodios de la ajetreada vida que ella misma había escogido.

Son las dos de la mañana en la ciudad, hay silencio en el tranquilo barrio residencial. Vanessa entra en el domicilio y cuelga sus llaves en un ganchito de la entrada. En la mesa del comedor un hay plato con pollo frío y verduras que su empleadita le había dejado antes de irse a dormir, Vanessa lo ignora y pasa directamente hacia una habitación. Desde la puerta con ojos de madre contempla a su pequeño hijo, él duerme serenamente, un tanto destapado y en extraña posición, ella esboza una sonrisa sentándose a su lado, lo acomoda y lo arropa amorosamente, acaricia su cabecita por unos instantes y le da un beso en la frente susurrando – ¿sabes cuanto te amo?-, para después salir con un desganado caminar hacia su alcoba.

Sentada en la cama celular en mano, Vanessa hace la llamada que había acordado hacer apenas terminara el trabajo, ni bien pasa el primer repique oye una voz grave que le responde…

- Hola.

- Tengo el documento.

- Hubo algún problema?

- Ninguno, todos los datos que me dieron fueron correctos, también la combinación de la caja. – responde Vanessa con tono inexpresivo mientras se quita la peluca rojiza soltando su negra cabellera-

- ¿Y el amigo Cozanovich?

- Muerto.

- Perfecto, haz desaparecer el documento, mañana a primera hora tendrás monto que acordamos depositado en tu cuenta.

- Esta bien. – se quita los zapatos -

- Nos vemos.

- Chao…

Después de colgar Vanessa se dirige al espejo. Cuidadosamente remueve los lentes de contacto y sus ojos negros quedan mirando fijamente su reflejo, la duda, el remordimiento y la pesadumbre la invaden, como suele ocurrirle en noches como esta, no conciliara el sueño, se quedara despierta fumando y contemplando la ciudad desde su terraza, y a la luz de la refulgente luna llena librara una batalla interna entre ella misma y sus demonios...

Continuara… (algún día)

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