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19 de octubre de 2008

Trajedia perruna

Publicado por nea el 19 de octubre de 2008
 
trajedia perruna
ÉL desconfiaba de la gente pero el sentimiento de soledad lo empujaba a deambular por lugares concurridos en medio del caos de la ciudad. Siempre recuerda aquel día, estaba sentado bajo una banca de la plaza, alerta a los patadones de los transeúntes a los que en realidad ya estaba acostumbrado. Levantó la cabeza y miró alrededor buscando quien sabe qué, y fue entonces cuando su daltónica visión distinguió un destello de color que detuvo el tiempo por un instante. Los ojos de ella lo miraban. Y en ese cruce de miradas los perrunos corazones comenzaron a palpitar más rápido que los jadeos de los húmedos hocicos, y las colas en ascenso marcaban de un lado a otro el regocijo del encuentro que lapidaba la fría soledad, instante de gloria y felicidad, normativamente prohibido para las criaturas de la calle y que para su desgracia, seria destruido a punta de golpes de escoba y carajazos que un inclemente funcionario de limpia se encargaría de propinarle hasta echarlo finalmente del lugar.

Una vez fuera, él corrió desesperadamente rodeando la plaza para encontrarse con ella, pero solo encontró su olor que se diluía como arena al viento y su mirada otra vez distante pero ahora tras una malla metalica alejándose más y más, tan rápido, que sus ágiles patas ya no la pudieron alcanzar. Por mas que la buscó no la encontró, ni a ella, ni al camión de la perrera municipal que se la llevó.

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